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title: "Las potencias nucleares prometen salvar al mundo, pero todavía no deciden de quién"
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description: "La Cruz Roja advierte ante Naciones Unidas del mayor riesgo nuclear en décadas."
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author_name: "Redacción"
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category_description: "Sátira del militarismo, las guerras, la carrera armamentística y las amenazas nucleares."
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# Las potencias nucleares prometen salvar al mundo, pero todavía no deciden de quién

![La paz armada_ cumbre del mundo aterrorizado](/download/multimedia.normal.a5fa25394695672a.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

*Imagen generada por IA. El Pato Eléctrico.*

**EL PATO ELÉCTRICO | La Paz Armada | 27 de octubre de 2026**

La humanidad puede dormir tranquila. Sus principales guardianes disponen de suficientes armas nucleares para convertir el planeta en un recuerdo y trabajan incansablemente para perfeccionarlas. Nunca habíamos estado tan protegidos de nuestros enemigos ni tan expuestos a nuestros protectores. La seguridad internacional, al parecer, consiste en que nadie se atreva a destruir el mundo por miedo a que otro lo destruya primero.

El Comité Internacional de la Cruz Roja acudió el pasado 19 de octubre a Naciones Unidas con una noticia poco alentadora: el riesgo de utilización de armas nucleares ha alcanzado su nivel más elevado en décadas. Su intervención ante la Primera Comisión de la Asamblea General describió la modernización acelerada de los arsenales, el endurecimiento de las amenazas y el creciente protagonismo de estas armas en las estrategias de seguridad. A juzgar por semejante panorama, las potencias han decidido prepararse para el fin del mundo con la misma diligencia con que otras personas preparan sus vacaciones.

La organización humanitaria recordó las devastadoras consecuencias de Hiroshima y Nagasaki, dos ciudades japonesas que en agosto de 1945 tuvieron la desgracia de participar involuntariamente en una demostración tecnológica. Los resultados fueron tan concluyentes que, ochenta y un años después, varios gobiernos continúan invirtiendo extraordinarios esfuerzos en perfeccionar el procedimiento. Cabe reconocerles una constancia admirable, aunque sería preferible que la aplicaran a la investigación contra el cáncer.

La doctrina de la disuasión nuclear descansa sobre un razonamiento aparentemente sencillo: si poseemos armas capaces de aniquilar al enemigo, el enemigo no se atreverá a atacarnos. El enemigo, naturalmente, llega a la misma conclusión y fabrica las suyas. Ambos terminan sintiéndose inseguros y encargan otras más modernas. Se trata de un sistema de defensa cuya principal innovación consiste en aumentar indefinidamente el peligro que pretende evitar. Si alguien descubriera un medicamento que funcionara de ese modo, probablemente acabaría procesado por envenenamiento.

En mayo de este año, la conferencia de revisión del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares terminó nuevamente sin adoptar un documento de consenso. Las delegaciones fueron incapaces de ponerse de acuerdo sobre cómo avanzar hacia un mundo menos peligroso. No obstante, la diplomacia internacional conserva una ventaja sobre el armamento nuclear: una reunión puede fracasar repetidamente sin destruir ninguna ciudad. Se trata de una cualidad que merece ser preservada.

La Cruz Roja ha pedido medidas concretas de desarme y ha reiterado su respaldo al Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares. El inconveniente principal es que las naciones que poseen estos arsenales no parecen experimentar idéntico entusiasmo por desprenderse de ellos. La fórmula de la paz universal goza de amplio prestigio, siempre que su aplicación práctica quede convenientemente aplazada. Desarmarse es maravilloso, coinciden muchos dirigentes, especialmente cuando la iniciativa corresponde al vecino.

La próxima conferencia de revisión del tratado de prohibición, convocada para celebrarse entre el 30 de noviembre y el 4 de diciembre en Nueva York, ofrecerá otra oportunidad para discutir el asunto. Diplomáticos de numerosos países se reunirán para examinar cómo evitar una catástrofe nuclear. Es posible que algunos representantes deban regresar después a sus capitales, donde otros funcionarios continuarán trabajando para perfeccionar precisamente aquello que la conferencia pretende eliminar. La coordinación administrativa internacional tiene todavía un amplio margen de mejora.

Pero conviene no desesperar. La industria armamentística demuestra que, incluso en tiempos de incertidumbre económica, existen sectores capaces de mirar al futuro con optimismo. Un misil nuevo requiere investigación, tecnología, presupuesto y una profunda confianza en que habrá alguien a quien apuntarlo. La esperanza es lo último que se pierde, aunque en este caso resulte difícil determinar quién podría conservarla después del lanzamiento.

El Pato Eléctrico no pretende resolver en una columna todos los dilemas de la seguridad internacional. Reconocemos las amenazas reales que enfrentan los Estados y la complejidad de los acuerdos de desarme verificable. Pero sospechamos que una civilización capaz de enviar sondas a otros planetas debería encontrar alguna fórmula para convivir en este sin amenazar periódicamente con hacerlo inhabitable.

Por ahora, la carrera continúa. Los estrategas calculan escenarios, los gobiernos revisan doctrinas, los científicos perfeccionan sistemas y los diplomáticos redactan resoluciones. Todos aseguran trabajar por la supervivencia de la especie humana, aunque algunos parecen entenderla como una opción sujeta a disponibilidad presupuestaria.

En cualquier caso, la humanidad puede sentirse orgullosa. Después de miles de años de guerras, ha conseguido fabricar armas tan eficaces que su utilización podría acabar definitivamente con todas ellas.

Y, de paso, con los beligerantes, los neutrales, los mediadores, los corresponsales de guerra y los lectores de este semanario.

**EL PATO ELÉCTRICO**  
*Los hechos son sagrados. Los poderosos, no.*

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