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title: "El planeta se calienta sin esperar autorización de Naciones Unidas"
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description: "Los países no consiguen aprobar el presupuesto del organismo científico que estudia el cambio climático. Algunos gobiernos quieren retrasar los informes hasta 2029."
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date_published: "2026-10-27T05:50:00-03:00"
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# El planeta se calienta sin esperar autorización de Naciones Unidas

![Burocracia a la deriva climática](/download/multimedia.normal.9bbb7ef531011be4.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

*Imagen generada por IA. El Pato Eléctrico.*

**EL PATO ELÉCTRICO | Internacional | 27 de octubre de 2026**

La Tierra ha cometido una nueva indisciplina diplomática: continúa calentándose sin autorización presupuestaria de Naciones Unidas. El planeta, que jamás ha demostrado demasiado respeto por los procedimientos administrativos, tampoco parece dispuesto a suspender sus emisiones, inundaciones y olas de calor mientras los representantes de la comunidad internacional deciden cuándo les resultaría conveniente recibir los informes científicos correspondientes.

Según informó este 26 de octubre el *Financial Times*, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) ha quedado en una situación de incertidumbre presupuestaria después de que sus integrantes no consiguieran aprobar las cuentas durante unas reuniones celebradas en Etiopía, suspendidas el pasado día 16. La controversia gira alrededor del calendario de elaboración y publicación de tres importantes informes científicos. Algunos países, entre ellos Arabia Saudita, India y China, han defendido aplazar su publicación hasta 2029, argumentando la necesidad de disponer de más tiempo para las contribuciones y revisiones de los países en desarrollo. Otros Estados consideran indispensable contar con esos trabajos antes de las evaluaciones internacionales previstas para 2028. El resultado es una disputa sobre cuándo debe conocerse científicamente aquello que la naturaleza viene anunciando sin descanso.

El procedimiento tiene una lógica burocrática admirable. Si existe un problema, se constituye un organismo para estudiarlo. Si el organismo necesita estudiar el problema, se le asigna un presupuesto. Si el presupuesto no se aprueba, se interrumpe la planificación del estudio. Y si el problema empeora mientras tanto, siempre podrá convocarse otra reunión para examinar las razones por las cuales no fue posible celebrar la anterior con resultados satisfactorios. La diplomacia multilateral ha perfeccionado así un mecanismo extraordinario: convertir el paso del tiempo en un asunto sujeto a deliberación.

La noticia llega apenas cinco días después de que el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente publicara su informe sobre la brecha de emisiones de 2026. El documento advierte que, con las políticas actualmente vigentes, el calentamiento global podría alcanzar aproximadamente 2,8 grados centígrados durante este siglo. Si los países cumplen plenamente sus compromisos climáticos actuales y mantienen esfuerzos semejantes, la proyección se reduce a 2,6 grados. Es decir, todavía muy lejos de los objetivos internacionales. La diferencia entre ambos escenarios demuestra que los gobiernos disponen de un margen considerable para elegir entre resultados preocupantes y otros ligeramente menos preocupantes.

La cifra ofrece también una oportunidad extraordinaria para la imaginación administrativa. Si los compromisos resultan insuficientes, siempre cabe redactar otros más ambiciosos. Si tampoco se cumplen, podrán organizarse nuevas conferencias para investigar las causas del incumplimiento. Y si los indicadores continúan empeorando, habrá llegado el momento de anunciar solemnemente una estrategia renovada. El termómetro, por desgracia, no parece distinguir entre una promesa aprobada por unanimidad y una pronunciada entre aplausos.

No sería justo, sin embargo, presentar a todos los gobiernos como igualmente responsables del bloqueo. Los países mantienen discrepancias reales sobre los plazos, la participación científica y las necesidades de sus investigadores. Las naciones en desarrollo tienen motivos legítimos para exigir una representación adecuada en los estudios internacionales, mientras los Estados particularmente vulnerables a la subida del nivel del mar necesitan información oportuna para planificar su supervivencia. La dificultad consiste en conciliar esas exigencias sin conseguir que el informe sobre el futuro llegue cuando parte de ese futuro ya pertenezca al pasado.

Mientras tanto, la próxima conferencia climática mundial, COP31, se celebrará en noviembre en Turquía. Allí volverán a reunirse delegaciones, especialistas, ministros y representantes de innumerables instituciones para discutir cómo limitar el calentamiento. Se espera que los participantes encuentren tiempo para analizar las emisiones de gases de efecto invernadero, aunque sería interesante conocer las producidas por el propio entusiasmo internacional por celebrar conferencias. El transporte aéreo es una herramienta muy útil para combatir los problemas planetarios, siempre que nadie pregunte demasiado por los desplazamientos necesarios para discutirlos.

Los científicos, por su parte, continúan desempeñando una función bastante incómoda: presentar resultados que no siempre coinciden con las necesidades políticas de quienes deberían escucharlos. La investigación tiene el inconveniente de que sus conclusiones no pueden aplazarse indefinidamente mediante una votación. Un glaciar no espera al consenso diplomático para derretirse, ni una ola de calor solicita al presidente de una comisión que le conceda el uso de la palabra.

El episodio presupuestario del IPCC no significa que Naciones Unidas haya abandonado sus esfuerzos climáticos. Tampoco demuestra que todos los países participantes pretendan impedir el trabajo científico. Pero revela una contradicción difícil de ignorar: la humanidad ha desarrollado instituciones capaces de estudiar con notable precisión los peligros que afronta y, simultáneamente, procedimientos políticos capaces de dificultar la publicación de sus conclusiones.

El Pato Eléctrico propone una solución provisional, sin pretensiones de constituir un nuevo tratado internacional: que los gobiernos permitan a los científicos estudiar el planeta mientras los diplomáticos estudian a los gobiernos. Las dos investigaciones podrían resultar igualmente alarmantes, aunque solo una necesitaría modelos climáticos para producir resultados.

Entretanto, sería conveniente informar oficialmente a la Tierra de que su calentamiento está pendiente de una decisión presupuestaria. Quizás acceda a suspenderlo hasta 2029. Si se negara, siempre podríamos imponerle sanciones, retirarle la acreditación de observadora o excluirla de la próxima conferencia.

Lo que no debería permitírsele, bajo ninguna circunstancia, es continuar comportándose como si el cambio climático fuera un asunto más importante que el calendario de reuniones.

**EL PATO ELÉCTRICO**  
*Los hechos son sagrados. Los poderosos, no.*

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